miércoles, 8 de septiembre de 2010

El miedo como estrategia

Para un gran número de venezolanos la discusión política que propone el gobierno no parece reflejar sus legítimas preocupaciones. Chávez, ahora candidato único a la Asamblea Nacional, ha empezado radicalizando (aún más) sus posiciones de extrema izquierda. Parece innecesario insistir en que los candidatos de la oposición deben abstenerse de pelear con Chávez y hablar de los problemas reales de la gente y sus soluciones,sin embargo siempre habrá un gallito de pelea en la oposición que cree que es su momento para asomar un poco más la cabeza.
Los resultados de esta estrategia de campaña serían mucho más predecibles en circunstancias diferentes, pero la capacidad de Chávez de conectar con el cerebro afectivo de muchos venezolanos es alta; capaz de anular parte de la racionalidad que muchos analistas esperan que los electores usen a la hora de votar.
Las encuestas favorecen a la oposición en muchos aspectos, la gente siente que el rumbo se ha perdido y que el gobierno no tiene nada claro que hacer para reencontrarlo. Chávez puede superar esa impresión por un tiempo, pero en la medida que la incompetencia de su gestión se acentúa es muy difícil taparlo sin la necesidad de radicalizar el discurso. 
El miedo es, pues, su estrategia nuevamente.  La estrategia del miedo implica jugar con las emociones más básicas del ser humano y se busca que el debate sea en el plano afectivo en donde él es más fuerte a la hora de comunicar sus posiciones. El miedo a que la oposición lo saque del poder si gana a la Asamblea la usa con sus copartidarios, el miedo a una guerra civil a un desorden de magnitudes apocalípticas en Venezuela si no gana lo usa con los NI-NI y el miedo a perseguir y quitarle todo lo que tienen lo usa con los opositores (porque asume que todo el que se opone a Chávez es porque tiene mucho).
Así, en la estrategia del miedo no hay debate sino fusilamiento simbólico de sus enemigos (los adversarios no existen), hay constantes conspiraciones y sabotajes pero no hay responsabilidades. En la estrategia del miedo se busca anular la esperanza, el anhelo de una vida mejor y la idea de que otro país es posible; se busca que la gente meta la cabeza en el agujero y no salga a votar por una alternativa diferente. 
En la estrategia del miedo se revela la miseria del gobernante: se prefiere quitarle recursos a un hospital porque no le sirve para hacer campaña que trabajar junto a un alcalde de oposición; se prefiere acusar a la familia de Frankin Brito de inducción al suicidio que revisar los grandes fallos de la política agraria; se prefiere censurar una foto de la morgue que invertir algo de los miles de millones de dolares que han entrado al país construyendo una morgue digna con forenses bien pagados; se prefiere reírse del problema de la inseguridad y acusar al imperio y los enemigos de causarla que convocar a los expertos para llevar adelante una política pública  coherente, eficiente y eficaz.
La estrategia del miedo se ha convertido en la política pública y la estrategia de campaña; pero también muestra el temor del propio gobernante a perder algo de poder cuasi absoluto. A menos de veinte días de campaña el resultado no está claro y lo que puede pasar dependerá mucho de la efectividad de la estrategia del miedo y de la efectividad de una campaña audaz de la oposición que la contrarreste, la cual todavía no se vislumbra.
Salamanca, 8 de septiembre de 2010.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Espacio para el debate y la crítica constructiva (el resto al spam)