lunes, 6 de diciembre de 2010

Recoger los escombros

El desastre natural más grave de los últimos doce años en Venezuela tomó nuevamente por sorpresa al gobierno nacional. La ausencia de un plan de contingencia coherente y coordinado, la falta de preparación del alto gobierno y la improvisación de Chávez cada vez que visita una zona afectada dan cuenta, una vez más; de la ineptitud del gobierno para manejar las crisis que realmente importan. Durante los últimos doce años la inversión en aviones de guerra, tanques, fragatas y fusiles se han incrementado, pero nada de eso sirve para salvar vidas, nada eso sirve para ofrecer refugios a los damnificados. En 1999 se prometió la reconstrucción del Estado Vargas, aún hay cientos de afectados por esa tragedia que no han sido resarcidos ni por el gobierno nacional ni por el gobierno regional. En síntesis, una vez la inoperancia e incompetencia del gobierno quedan al desnudo y suma un punto más a la larga lista de desaciertos en políticas públicas.
Pero lo trágico de la situación no ha sido únicamente lo mal que lo están pasando los afectados de las regiones inundadas por las lluvias o la incompetencia del gobierno. La actitud sectaria y el oportunismo ideológico del gobierno nacional son una muestra de que siempre es más importante la revolución que la gente. No hay comunicación con las autoridades distintas a las del PSUV, se duplican esfuerzos y se sabotean iniciativas de autoridades y organizaciones diferentes a las chavistas. La miseria de la revolución está en creer que son los únicos con derecho de preocuparse por las víctimas de esta tragedia o, en líneas generales, por quienes estén en situación de pobreza. Pero aún pero es creer que lo están haciendo bien.
A dos meses y un poco más de haberse celebrado las elecciones legislativas Chávez ha acelerado la radicalización. Expropiaciones masivas de conjuntos habitacionales han generado gran incertidumbre en los compradores, la estrategia de acercamiento a la clase media por este medio parece infructuosa, y si bien puede haber algún beneficio específico es poco probable que logre conquistar el voto de este colectivo. Destruir la producción privada y apropiarse de lo que queda del país ha sido la única política coherente, un discurso de odio y destrucción solo puede venir acompañado de políticas sectarias, destructivas y sin futuro. El país se cae a pedazos y lo único para lo que queda es para recoger los escombros. Mientras tanto, construir las bases para el cambio en 2012 es prioridad.
Salamanca, 6 de diciembre de 2010

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