viernes, 5 de agosto de 2011

Sembrar Nueva Esperanza


En otras ocasiones (El objetivo: desmovilizar y El miedo como estrategia) escribía sobre el uso del miedo como estrategia comunicacional del gobierno antes y después de las elecciones del 26 de septiembre. Decía que el miedo es una de las emociones más básicas del ser humano y, por tanto; de las más fáciles de evocar en una campaña electoral. El gobierno se ha empeñado en sembrar el miedo en la cabeza de los ciudadanos en Venezuela. Esta siembra no sólo ha sido con mensajes sino con hechos. El uso de la violencia política, la prisión, humillación y expoliación de sus "enemigos" más simbólicos o la amenaza del apocalipsis si se pierden las elecciones busca condicionar a buena parte de la población venezolana. ¿Cuál es el Mensaje?: "No hay futuro sin Chávez".
Es la hora de contrarrestar esta siembra, es el momento de superar el intento de condicionamiento al que se ha sometido a Venezuela. Es hora de sembrar nueva esperanza. La clave para superar el terrorismo psicológico del gobierno no puede ser sino a través de la esperanza, pero no la esperanza ingenua de quien espera que las cosas caigan del cielo; sino la esperanza activa. Con esto quiero decir que lo necesario es creer en que un nuevo y mejor proyecto de país es posible y, además; contribuir (aunque sea de la manera más mínima) a su cristalización. Superar la desesperanza a la que somete el chavismo al país no es fácil, requiere también de un liderazgo que la contrarreste que sepa como anular los estímulos de miedo provenientes del gobierno y generar en la colectividad un sentido de búsqueda de un camino y futuro mejor. Sin embargo, el liderazgo aunque es necesario no es suficiente; la participación de todos quienes creemos posible la transformación de Venezuela es indispensable para que esto ocurra.
Lo fundamental de esta siembra de esperanza supone que cada uno de nosotros podamos ser capaces de esparcir su semilla a través de nuestras redes sociales (y no hablo sólo de las 2.0 sino de la familia, el trabajo, los grupos de amigos, etcétera). Convencer al que tiene miedo de perder su trabajo como los funcionarios públicos, a quienes creen que van a quitarles las misiones o servicios sociales, a quienes creen que sin Chávez hay una guerra. Para ello primero hay que convencerse de que nuestra acción individual y colectiva puede hacer la diferencia. Hay que dejar de esperar que algún hecho al azar (militares, intervención extranjera o enfermedad) haga el trabajo. Somos nosotros como ciudadanos los que tenemos la posibilidad y responsabilidad de que cambiemos el rumbo del país.
Así las cosas, las condiciones del país (a diferencia de 2006) están dadas para que cambiemos el rumbo, para que la "revolución bolivariana" llegue a su fin. Sembrando esperanza hoy es más probable que en 2012 cosechemos el cambio que tanto necesita Venezuela para salir adelante.
En Salamanca, 5 de agosto de 2011.

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