sábado, 12 de mayo de 2012

No Country for Good Men (No es país para hombres buenos)


"Venezuela es prisionera de quienes prometieron liberarla..."
Venezuela se ha convertido en un reino pre-social y pre-político, una distopía hobbesiana en donde lo único que prevalece es el estado de naturaleza, es decir, la ley del más fuerte. Las pocas instituciones que sobreviven a la debacle de nuestro sistema social son castillos aislados que poco a poco son asediados por la anarquía, el pillaje y el poder del más fuerte; el de aquel que tiene las armas y los medios para aplastar física, moral o económicamente al que se le oponga. Gobierno, crimen organizado y el hampa común acechan al resto de la sociedad que vive en constante miedo y temor; cada quien cuida lo suyo y la mejor manera de hacerlo es bajar la cabeza, voltear la mirada, pasar desapercibido o "irse demasiado". Y no estoy criticando dicha actitud, simplemente describo lo que hace una persona racional en una situación de anomia como la que se vive.

En Venezuela podría hacerse una película titulada No Country for Good Men (no es país para hombres buenos). Quienes luchan por los derechos humanos son traidores a la patria, quienes persiguen la mejora de la calidad de los servicios públicos son terroristas, quienes denuncia la corrupción, el abuso de poder y los negocios sucios del gobierno son unas lacras imperialista. Quien trata de evitar un asalto es asesinado. Quien propone un nuevo proyecto de país es un majunche (dícese de algo de mala calidad). Y mientras la clase política gobernante se ocupa de perseguir a quienes luchan por causas justas, los presos en las cárceles aterrorizan a la ciudad cuando el supuesto Estado trata de poner orden dentro de ellas.
El ciudadano de a pie es un potencial botín para los delincuentes, quienes han aprendido que matar no trae consecuencias, y que ven la muerte violenta como su final irremediable; si de cualquier forma van a morir ¿qué importa llevarse por delante a unos cuantos antes? Pero al mismo tiempo, el emprendedor es una potencial víctima de abusos por parte de un gobierno. Amenazas de expropiaciones o su consumación, multas, cierres arbitrarios, leyes inconsultas y persecución son parte del protocolo aplicado por el gobierno a las empresas o instituciones que no bajen la cabeza ante su autoridad. Al final todos somos culpables aunque se demuestre lo contrario. 
La pregunta que me hago es si el país está preparado para dar un paso a la reconstrucción de una sociedad, o seguirá dando respaldo a un gobierno que fomenta la anarquía y que se alimenta del caos, el desorden y el abuso. Venezuela es prisionera de quienes prometieron liberarla, sus prácticas son mil veces peores que de la clase política que desplazaron y sus jerarcas se han convertido en una verdadera oligarquía que cada día menos soporta la competencia democrática y buscan destruir (física o moralmente) a todo aquel que se atreve a ser contestatario al régimen. Al gobierno bolivariano no le interesa que la gente salga de abajo, lo único que le interesa es mantener sus prebendas aunque para eso tenga que cargarse lo poco que queda de institucionalidad democrática.
¿Habremos tocado o fondo o seguiremos cavando nuestra propia tumba como sociedad? Todo parece indicar que nos va el oficio de sepultureros.