jueves, 14 de junio de 2012

De la guerra de encuestas a la guerra de imágenes

Ojala pasáramos de la guerra de encuestas y fotos, a la confrontación de ideas y políticas.
La campaña para las elecciones del 7 de octubre comienza oficialmente el 1 de julio. Sin embargo, esa fecha es una mera formalidad; desde noviembre de 2011 vemos que tanto la MUD como el gobierno están en campaña. Los primeros por el proceso de primarias que se celebraron el 12 de febrero y que lograron convocar a 3 millones de electores. Los segundos para tratar de minimizar la fuerza de la oposición y poder capear la ausencia de Chávez consecuencia de su enfermedad. Una de las características de la campaña es la ya conocida guerra de encuestas, que no es la primera ni la última en campañas electorales dentro y fuera de Venezuela.

Pero otra batalla ha comenzado con la inscripción de los candidatos ante el Consejo Nacional Electoral. La guerra de imágenes. Esta nueva batalla, que es absolutamente espuria, es fundamentalmente alimentada por los medios de comunicación alineados a cada bando (TV, Internet y prensa) y los comandos de campaña; pero de fondo nos da muestra del maniqueísmo que la polarización nos ha traído en los últimos 14 años. La guerra de encuestas y fotos no sirve para que los indecisos tomen una decisión definitiva, más bien son ataques para moralizar a los propios y desmovilizar a los adversarios. Detrás de este inútil ejercicio se esconde la ausencia del espíritu crítico de quienes se aferran a números e imágenes editadas a conveniencia de cada quien. Es más fácil creer que el candidato que uno apoya convocó más gente y que los demás muestran fotos trucadas o pagaron por ir a las marchas; pero poca gente se ha colocado a observar lo que está propuesto en el programa de gobierno de cada candidato. Gobierno y oposición lo saben y para ellos es más fácil y económico usar etiquetas vacías y un eslogan pegajoso que buscar un debate entre ideas.
Sería interesante observar un debate entre los candidatos, pero un debate en el que haya unas reglas claras e iguales para todos, un moderador imparcial y que se obligue a los candidatos a hablar del programa de gobierno evitando a toda costa la descalificación personal, las alusiones a un pasado de hace más de 13 años o al imperialismo como causa y problema de todo lo que le sucede a la humanidad. Este debate debería convocarlo el árbitro electoral, y debería estar estipulado en la ley de procesos electorales; para evitar aquella interpretación de marketing político de que quien pide debate es quien va perdiendo.
Ojala pasáramos de la guerra de encuestas y fotos, a la confrontación de ideas y políticas. Pero son muy pocos los países en que eso ocurre, menos va a ocurrir en Venezuela donde cada bando reconoce menos al otro, y donde desde el poder lo que se busca es la polarización emocional para evitar rendir cuentas de los miles de millones de dólares que han entrado como consecuencia de los altos precios del petróleo.
Salamanca 14 de junio de 2012. 

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