martes, 13 de agosto de 2013

PSUV y su estrategia de cara al 8-D

lamentablemente las elecciones municipales no versarán sobre los problemas de las comunidades, sino será un nuevo pulso entre los dos grandes bloques políticos, y dónde la posibilidad de diálogo y reconciliación será cada vez más remota.


A falta de Hugo Chávez como portaaviones de sus candidatos y la incompetencia de Nicolás Madura de llevar a delante dicha función, el Partido Socialista Unido de Venezuela empieza en la Asamblea Nacional una estrategia política de cara a las elecciones del 8 de diciembre mucho más agresiva y autoritaria que las que hemos visto en el pasado. Con Chávez vivo, su carisma, el temor a perder las misiones y el clientelismo eran suficientes garantizar la movilización del electorado; a la vez que el CNE le daba a los radicales de la oposición razones para no ir a votar. Sin embargo, en ausencia de su líder y con una oposición coherente y con un liderazgo claro, el chavismo se enfrenta ante una posible derrota electoral que puede poner en evidencia el fraude ocurrido el 14 de abril.

Durante las últimas semanas el gobierno ha iniciado una campaña contra la corrupción. Desde el ejecutivo esto ha implicado la destitución de funcionarios de tercer y cuarto nivel, y el arresto de algunos involucrados en malversación de fondos públicos. Desde la Asamblea Nacional la cuestión es diferente, es allí en donde el gobierno está dando golpes a la oposición. El caso Richard Mardo y la decisión inconstitucional de allanarle su inmunidad parlamentaria fue el primer paso para lo que hoy hemos visto contra Primero Justicia. Se busca demonizar a la oposición, eliminar cualquier legitimidad moral que pueda tener y criminalizar sus acciones políticas. De allí que Diosdado Cabello y Pedro Carreño hayan emprendido una persecución contra parte de su dirigencia y, en última instancia, contra Henrique Capriles Radonski. Por las declaraciones dadas por Cabello y Carreño, pareciera que se busca proscribir a Primero Justicia y, tal como ocurrió con RCTV, amedrentar al resto de los partidos de la MUD para que se autocensuren como Venevisión y Televen. En resumen, el PSUV quiere gobernar sin oposición.
Cabello y Carreño han asumido el trabajo sucio del chavismo, mientras que Nicolás Maduro llama a emergencia nacional contra la corrupción; tratando de colocarse como el único que trabaja para combatirla. Mientras tanto, en las bases del chavismo existe un amplio descontento por la manera como se seleccionaron los candidatos oficialistas para las elecciones municipales del 8 de diciembre. Así, la estrategia adelantada por el PSUV también servirá para aumentar la polarización y el clima de confrontación entre las opciones política, cerrando así las filas entre sus partidarios y evitando el debate sobre la gestión de sus alcaldes en el poder y la capacidad de los nuevos aspirantes para ejercer dichos cargos.
La última encuesta del IVAD (campo del 19 al 26 de julio) muestra que 49,2% de los venezolanos no está conforme con que Maduro haya sido electo como presidente, frente a un 46,4% que sí. En términos de evaluación de su gestión, 50,4% piensa que es de Regular hacia Mala, Mala o Pésima, frente a 46,5% que piensa lo contrario (Regular hacia Buena, Buena o Excelente). En relación con la imagen de Maduro y Capriles, el primero tiene una valoración positiva del 45,8% de los encuestados, mientras el segundo es visto de manera favorable por el 50%, mientras la percepción desfavorable es de 47,1% y 39,4% respectivamente.
Estos datos muestran la aguda polarización que vive el país y la dificultad de encontrar un centro político que baje la tensión entre los polos. Para el PSUV esta situación coloca en jaque la hegemonía que han tratado de construir durante los últimos catorce años. Con un respaldo popular igual o menor al de la oposición, la revolución bolivariana no puede ser impuesta sino por vías de facto, es decir, a través de la arbitrariedad de las instituciones cooptadas por el partido de gobierno y la fuerza represora del Estado. De allí que el proyecto pos-chavista se encamina a una versión mucho más autoritaria de lo que era cuando Chávez estaba vivo. Así las cosas, lamentablemente las elecciones municipales no versarán sobre los problemas de las comunidades, sino será un nuevo pulso de carácter nacional entre los dos grandes bloques políticos, y donde la posibilidad de diálogo y reconciliación será cada vez más remota.

Caracas, 13 de agosto de 2013   

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